Sexting y el derecho a la intimidad. Snapchat

Sexting y el derecho a la intimidad. Snapchat

El sexting es un anglicismo que se refiere a la difusión de imágenes estáticas (fotografías) o dinámicas (vídeos) de contenido sexual con mayor o menor carga erótica. El sexting es el paso lógico desde la popularización de los smartphones del tradicional cibersexo que se practicaba por otros canales de internet (ICQ, Messenger, IRC, etc).  La presencia de los smartphones ha difundido el fenómeno a todo tipo de usuarios (recordemos el famoso caso de la concejal del Ayuntamiento de Los Yébenes, Olvido Hormigos).

El sexting

Licencia Creative Commons by Quinn Dombrowski

Como la ley debe adaptarse a la realidad social, en el Proyecto de Ley de reforma del Código Penal de 2013 se ha introducido un apartado, dentro del artículo que regula el descubrimiento y revelación de secretos (por vulneración de la intimidad), que castiga la difusión, revelación o cesión a terceros de estas imágenes o vídeos, sin la autorización de la persona afectada, aún cuando se hubieran tomado con su consentimiento. Y es aquí donde radica la novedad: aunque la persona afectada haya consentido en que se le fotografiara o grabara en vídeo con este contenido sexual, si no autoriza a que se difunda, revele o ceda a terceros y se hace, se está cometiendo un delito. En nuestro actual Código Penal hay que buscar vías alternativas de castigo, pues a través  del artículo 197 esta conducta es atípica. En el caso en que la víctima de la difusión del contenido enviado practicando sexting sea menor de edad, pero quien divulgue las fotos no lo sea, el caso ofrece menos dudas y se trata de un delito grave, penado hasta con nueve años de prisión. Es el caso que se narra en esta noticia reciente. En este sentido, se debe poner especial atención a la práctica de estas conductas por adolescentes, pues están surgiendo aplicaciones para móviles que no los protegen debidamente a pesar de la información, muchas veces errónea, que ofrecen.

Los jóvenes y los no tan jóvenes, utilizan ahora una herramienta para poder enviarse fotos eróticas y practicar sexting sin miedo a que sus fotos sean utilizadas posteriormente. Esas fotos se envían a través de una app llamada Snapchat. ¿En qué consiste? En que una vez enviadas las fotos, se “autodestruyen” en 10 segundos. En principio parece un método seguro. No existe forma de cambiar la configuración de la app para hacer que las fotos duren más… en principio. Existen ya aplicaciones en el mercado (para utilizarlas hace falta el root en Android o un jailbreak en iPhone) que permiten guardar las fotos de snapchat si se abren antes de que se descarguen por la aplicación oficial, por ejemplo snapgrab. Otra forma de obtener una copia de la foto es hacer una captura de pantalla. Esta opción es difícil en según qué terminal, por la combinación de teclas necesaria, pero no es imposible. Por último, hay otro agujero de seguridad y es que la herramienta, al borrar los elementos enviados, no hace un borrado de bajo nivel o borrado seguro. Por ello, con las herramientas adecuadas (que existen en el mercado), es posible recuperar la información. Por eso, si practicas sexting o sospechas que tus hijos lo practican, es mejor tomar una serie de precauciones:

– No enviar fotos a ningún desconocido. Por desconocido vale cualquier persona que no tengas una referencia REAL de quién es en realidad. Aunque conozcas a una persona durante meses en la red, es un desconocido. Existen personas que se hacen pasar por otras durante meses sin problemas.

– Configura tu snapchat para que sólo tus amigos puedan enviarte fotos. Practicar sexting con desconocidos es arriesgarnos a que nuestra foto salga en cualquier página de pornografia amateur, en una página de contactos sexuales, o, simplemente, sea distribuida sin control.

Existen alternativas a snapchat bastante más seguras, pero menos populares. La más popular e infinitamente más seguro es Facebook Poke, pero solo está disponible para iPhone.

Almacenar y/o visualizar pornografía infantil ES DELITO, a no ser que se haya hecho accidentalmente y se denuncie inmediatamente. El mero hecho de BUSCAR pornografía infantil, aunque sea con la sana intención de denunciarlo, puede ponernos en serias dificultades legales.

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